Tragedias griegas

Tragedias griegas

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Si bien, y no se considere ociosa la insistencia, estas informaciones de carácter anecdótico pueden arrojar alguna luz, más que sobre datos precisos de la vida de Eurípides, respecto a las tensiones ideo­lógicas de la época, es oportuno ahora detenernos en el examen de las noticias ciertas que poseemos de la vida del poeta y del ambiente cultural en que estuvo inmerso. Eurípides fue hijo de Mnesarco o Mnesárquides (ambas formas son en griego un doblete del mismo nombre), que se dedicaba al oficio de mercader. Su madre, Clito, era de alto linaje. Vio la luz por primera vez hacia el año 484 a. C. en Flía, una pequeña aldea ubicada en el corazón del Ática, lugar muy noto­rio por ser emplazamiento de una serie de hermosos templos en honor de Deméter y de Eros, dios del amor. Parece ser que, de muchacho, fue copero de un grupo de danzantes que tenían una clara significación religiosa, pues no debe olvidarse lo íntimamente unidas que estaban en la antigüedad helénica la religión y la danza, como lo demuestran los orígenes del teatro griego, que nació de la progresiva evolución a partir de un coro religioso que entonaba el ditirambo en honor de Dioniso, divinidad de la naturaleza. También participó en una procesión con antorchas al cabo Zoster en busca de Apolo, que, desde Délos, era conducido a Atenas. Es seguro, por tanto, que Eurípides recibió una educación completamente tradicional en el aspecto religioso.


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