Tragedias griegas
Tragedias griegas CREÓN.— Mi corazón no es tiránico por naturaleza, y ya tengo perdido mucho por haberme vencido la piedad; [350] y ahora mismo veo que hago mal en ello, mujer. ¡Sin embargo, sea! Pero te advierto que, si la luz del Dios[77] os encuentra mañana a ti y a tus hijos en los confines de esta tierra, morirás. Ahora, si te conviene quedarte, quédate sólo por este dÃa. Porque no podrás hacer el mal que temo.
(Creonte abandona la escena).
EL CORO.— ¡Desgraciada mujer! ¡Ay, ay! desgraciada a causa de tus dolores. ¿Adónde irás? ¿Qué huésped, [360] qué morada, qué tierra te redimirá de tus males? ¿A qué terrible tempestad de desdichas te ha lanzado un Dios, Medea?