Tragedias griegas
Tragedias griegas CREÓN.— Vete, insensata, y lÃbrame de mis inquietudes.
MEDEA.— Yo soy quien está atormentada de inquietudes, pues no carezco de ellas.
CREÓN.— (Haciendo un gesto a los hombres de su escolta). Rápido, si no quieres ser expulsada a la fuerza por mis servidores.
MEDEA.— ¡No lo consientas! ¡Te conjuro a ello, Creón!
CREÓN.— Lograrás exaltarme, a lo que veo, ¡oh mujer!
MEDEA.— Huiré, pero no es eso lo que pedÃa de ti.
CREÓN.— ¿Por qué, pues, te resistes y no sales de este paÃs?
MEDEA.— [340] PermÃteme permanecer sólo este dÃa, con objeto de deliberar acerca del lugar en que he de refugiarme y buscar asilo para mis hijos, ya que su padre para nada se preocupa de ellos. Compadécelos, porque también tú tienes hijos. Es natural que seas benévolo. No lo siento por mÃ, ni por ir al destierro; pero lloro por ellos, que sufren un destino adverso.