Tragedias griegas
Tragedias griegas JASÓN.— Sin embargo, con los Dioses atestiguo [620] que quiero ayudaros a ti y a tus hijos. Pero mis beneficios no te placen y rechazas con insolencia a tus amigos. Ya te arrepentirás de ello más cada vez.
MEDEA.— ¡Vete! Se ha apoderado de ti el deseo de tu nueva esposa, por haber estado tanto tiempo lejos de sus moradas. Cásate con ella. ¡Acaso, y dicho sea con ayuda de un Dios, sientas un día las bodas que vas a celebrar!
ESTÁSIMO 2.º (627-662).
EL CORO.—
Estrofa I: Cuando el amor domina violentamente a los hombres, no les deja ni virtud ni buena fama; [630] pero si nos domina Cipris con moderación, no hay Diosa más agradable. ¡No me lances jamás con tu arco de oro, oh señora, una flecha inevitable empapada en deseo!
Antistrofa I: ¡Posea yo la moderación, que es el don más hermoso de los Dioses! [640] ¡Que jamás la terrible Cipris, desgarrándome el corazón, me arroje a luchas ciegas y a querellas insaciables a causa de otro lecho, sino que, respetando las uniones tranquilas, escoja las esposas con sagacidad!