Tragedias griegas
Tragedias griegas EGEO.— Tus palabras demuestran una gran previsión, ¡oh mujer! Por tanto, ya que asà lo quieres, no me niego a hacerlo. Efectivamente, será para mà lo más seguro poder oponer algún pretexto a tus enemigos, y tu interés estará más resguardado. Nombra, pues, a los Dioses.
MEDEA.— Jura por la Tierra y por Helios[95], padre de mi padre, y añade a la vez toda la raza de los Dioses.
EGEO.— ¿Qué debo hacer o no hacer? ¡Di!
MEDEA.— Jura que nunca me echarás de tu tierra, [750] y que, si quiere llevarme alguno de mis enemigos, nunca lo permitirás mientras vivas.
EGEO.— Por la Tierra y por la espléndida luz de Helios y por todos los Dioses, juro hacer lo que me pides.
MEDEA.— Basta. ¿Y qué castigo sufrirás si perjuras?
EGEO.— El que se inflige a los mortales impÃos.
MEDEA.— ¡Vete feliz! Todo va bien. En cuanto a mÃ, antes de presentarme en tu ciudad, llevaré a cabo aquà lo que preparo y tengo resuelto.