Tragedias griegas
Tragedias griegas Otra circunstancia muy notable de su trayectoria vital es la total indiferencia que sintió el trágico por la participación activa en la política de su ciudad. En éste, como en otros muchos aspectos, preludia ya al hombre helenístico que está por venir y su afán por la vida solitaria y retirada, en busca sólo de la felicidad individual que la participación en la cosa pública no puede proporcionarle. Todos los testimonios nos hablan de un Eurípides solitario y retraído, encerrado en el mundo de sus estudios y en la creación de sus tragedias. Respecto a su vida afectiva sabemos exclusivamente que tuvo dos esposas, Melito y Quérile o Quérine. Hacia el año 408, quizá desengañado por el rumbo que tomaban los acontecimientos en su patria, se retiró a Macedonia, a la corte del rey Arquelao. Murió el año 406 en Pella, lejos de la tierra que había amado tanto y, en compensación, le había procurado tan amargos sinsabores, pero que, en las honras fúnebres, supo brindarle su postrer reconocimiento: «Es posible que hubiera abandonado su patria lleno de amargura. Pero a su muerte se comprendió que acababa de fallecer uno de los grandes atenienses. En la presentación de los coreutas y de los actores que se hacía antes de las Grandes Dionisias, Sófocles hizo aparecer a aquéllos sin corona e incluso él mismo apareció con vestiduras de luto. Atenas erigió un cenotafio al difunto y concedió el premio del certamen a las piezas representadas postumamente de aquel poeta con el cual en vida se había mostrado tan poco amable».