Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— Hace tiempo, amigas, que estoy impaciente por enterarme de los acontecimientos que ha traÃdo la fortuna, y espero a saber cómo se llevará allá a cabo lo que he intentado. Pero veo venir a uno de los servidores de Jasón. Su aliento jadeante [1120] indica que va a anunciarnos una nueva desdicha.
EL MENSAJERO.— ¡Huye, huye, oh tú, Medea, que has cometido un crimen horrible o impÃo! ¡no desdeñes ni carro naval ni carro terrestre!
MEDEA.— ¿Qué ha sucedido que me obligue a huir?
EL MENSAJERO.— La hija real y Creón, que la ha engendrado, han muerto con tus venenos.
MEDEA.— ¡Me traes una noticia venturosÃsima! En lo sucesivo te contarás entre mis bienhechores y mis amigos.
EL MENSAJERO.— ¿Qué dices? ¿Estás en tu juicio? [1130] ¿No estás loca, mujer, pues que te regocijas y no tiemblas al saber que ha quedado devastado el hogar real?
MEDEA.— Mucho podrÃa decir para responder a tus palabras; pero no te irrites con exceso, amigo, y cuenta cómo han perecido. Dos veces me deleitarás si han sufrido una muerte muy cruel.