Tragedias griegas
Tragedias griegas YOLAO.— Éstos son los hijos de Heracles, oh extranjeros, llegados como suplicantes vuestros y de la ciudad.
CORO.— Antistrofa: [95] ¿Por qué motivo? Dime. ¿Acaso os interesa obtener la atención de la ciudad?
YOLAO.— Para no ser entregados ni ir a Argos, una vez que seamos separados de tus dioses a la fuerza.
HERALDO.— Pero eso no agradará a tus dueños, que, [100] con cierto dominio sobre ti, te encuentran aquÃ.
CORO.— Es natural, extranjero, respetar a los suplicantes de los dioses, y que tú no abandones la sede de las divinidades a causa de una mano violenta. Pues la venerable justicia no consentirá tal abuso.
[105] HERALDO.— Expulsa, pues, del paÃs a éstos, los de Euristeo, y en nada recurriré con mi brazo a la violencia.
CORO.— ImpÃo es para una ciudad despedir un grupo suplicante de extranjeros.
HERALDO.— Pero es hermoso, de seguro, tener el pie no a salvo de dificultades, [110] por haber tomado una decisión más conveniente.
CORIFEO.— Pues bien, será preciso que tú te atrevas a explicarle eso al rey de esta tierra, pero que no apartes de los dioses a los extranjeros arrastrándolos con violencia, por respeto a una tierra libre.