Tragedias griegas
Tragedias griegas CORIFEO.— Desde siempre esta tierra decidió ayudar a la gente apurada [330] a quien asiste el derecho. Por ello ha soportado ya infinitos trabajos en defensa de los amigos; y también ahora veo aquí cercana la contienda.
DEMOFONTE.— Bien has hablado y presumo, anciano, que luego éstos se portarán de tal modo. Se recordará el favor. Y yo haré una reunión de ciudadanos y los [335] alinearé para recibir con numerosa tropa el ejército de los de Micenas. Primero mandaré espías hacia él, para que no me sorprenda en su ataque. Pues en Argos presto está todo hombre para acudir a la alarma. Tras reunir a los adivinos haré un sacrificio. [340] Y tú marcha a palacio con los niños, dejando el altar de Zeus. Pues hay personas que se encarguen de tu cuidado, aunque yo esté ausente. Ea, ve a palacio, anciano.
YOLAO.— No podría yo dejar el altar. Sentémonos ya aguardando aquí suplicantes para que tenga buen [345] éxito la ciudad. Cuando se libre gloriosamente de esta contienda, iremos a tu palacio. Tenemos por aliados dioses no peores que los de los argivos, señor. Pues patrona de ellos es Hera, esposa de Zeus, [350] y de nosotros, Atenea. Afirmo que también cuenta eso para el buen éxito: conseguir el favor de unos dioses mejores. Que Palas no soportará ser vencida.
ESTÁSIMO 1.º (353-380).
CORO.—