Tragedias griegas

Tragedias griegas

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Estrofa: Si tú te jactas mucho, otros no se preocupan más por ti, ¡oh extranjero que viniste de Argos! [355] No asustarás mi corazón con tus orgullosas palabras. Jamás ocurra así en Atenas la de grandes y hermosas danzas. [360] Y tú eres insensato, como el rey de Argos, hijo de Esténelo[139].

Antístrofa: Tú que, habiendo llegado a otra ciudad en nada inferior a Argos, a unos suplicantes de los dioses, [365] errantes y que imploran a mi país, aun siendo tú un extranjero, tratas de arrastrarlos violentamente, sin ceder ante el rey, sin decir otro motivo. ¿Dónde podría [370] estar eso bien, entre gente sensata al menos?

EPODO.—La paz me gusta. Pero tú, oh rey malévolo, digo que si llegas a mi ciudad, no obtendrás así lo que [375] piensas. Pues no eres el único que tienes lanza y escudo todo de bronce. Ea, amante de las guerras: que no me perturbarás con tu lanza [380] a la ciudad bien dotada de gracias. Contente, entonces.

EPISODIO 2.º (381-607).

YOLAO. —¡Oh hijo! ¿Por qué acudes ante mí con preocupación en tus ojos? ¿Traes alguna novedad sobre los enemigos? ¿Están a punto de venir? ¿Están presentes o de qué te has informado? Pues en absoluto van a resultarte engañosas las palabras del heraldo.


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