Tragedias griegas
Tragedias griegas Estrofa 2.ª: [770] ¡Ea! ¡Oh señora![150]. —En efecto tuyo es el suelo de nuestra tierra y la ciudad de la que tú eres madre, dueña y guardiana—. ¡DesvÃa por otro lado a quien, sin razón, conduce [775] hacia aquà el ejército de Argos que blande la lanza! Pues, por mi virtud, no merezco ser expulsado de palacio.
Antistrofa 2.ª: Porque en tu honor se cumple sin cesar un culto de muchos sacrificios, y no se olvida el dÃa último de los meses, ni los cantos de los jóvenes [780] ni las canciones de los coros. Sobre la colina ventosa[151] resuenan gritos femeninos entre el repiqueteo, de toda una noche[152], marcado por los pies de las doncellas.
EPISODIO 4.º
SERVIDOR.— Señora, traigo noticias: para ti, muy breves de oÃr; [785] para mÃ, aquà a tu lado, muy hermosas. Hemos vencido a los enemigos y se han erigido trofeos que contienen la armadura completa de tus enemigos.
ALCMENA.— ¡Oh queridÃsimo! Este dÃa ha contribuido a liberarte gracias a esos mensajes. [790] Pero de solo un sufrimiento todavÃa no me liberas. Pues miedo tengo por si no viven aquellos a quienes yo quiero.
SERVIDOR.— Viven, famosos en grado sumo entre el ejército.
ALCMENA.— El anciano Yolao, ¿no es aquel de all�