Tragedias griegas
Tragedias griegas [740] YOLAO.— ¡Ay! Ojalá, oh brazo, fueras para mí un aliado de tal estilo cual te recuerdo en tu juventud, cuando en compañía de Heracles devastabas Esparta. ¡Cómo lograría yo la derrota de Euristeo! Pues, en verdad, es cobarde incluso para resistir la lanza. [745] También depende de la dicha, sin razón, la fama del valor. Pues creemos que el afortunado lo dispone bien todo.
ESTÁSIMO 3.º
CORO.—
Estrofa 1.ª: ¡Tierra y luna de toda la noche y rayos muy brillantes del dios[147] que dais luz a los mortales! [750] Así me traigáis la noticia: gritadla en el cielo, tanto junto al trono soberano como en la mansión de la glauca Atenea. [755] Por haber acogido yo a unos suplicantes, un pelagro ha amenazado a mi tierra patria y a mi casa; voy a cortarlo con mi reluciente espada.
Antístrofa 1.ª: Terrible es que una ciudad como Micenas, rica y [760] muy alabada por el valor de su lanza, guarde rencor contra mi país. Pero cobarde es, oh ciudad, que entreguemos unos extranjeros suplicantes [765] por mandato[148] de Argos. Zeus es mi aliado: no temo. Zeus está agradecido conmigo con razón. (Las divinidades)[149] jamás serán consideradas por mí, al menos, como inferiores a los mortales.