Tragedias griegas
Tragedias griegas [965] ALCMENA.— Y eso, ¿por qué? ¿No es hermoso para ellos matar a sus enemigos?
SERVIDOR.— No, al menos a quien cogen vivo en una batalla.
ALCMENA.— ¿Aceptó Hilo también esa resolución?
SERVIDOR.— ¿Era necesario, pienso yo, que él hubiera desobedecido a esta tierra?
ALCMENA.— Era necesario que éste no viviera ni viera más luz.
[970] SERVIDOR. —Éste sufrió injusticia en primer lugar al no morir.
ALCMENA.— ¿No es verdad que está todavÃa en buen momento para pagar su castigo?
SERVIDOR.— No hay quien pueda darle muerte.
ALCMENA.— Yo sÃ. Y, en verdad, afirmo que también yo soy alguien.
SERVIDOR.— Recibirás, sin duda, un gran reproche, si haces eso.
[975] ALCMENA.— Quiero a esta ciudad —no hay nada que oponer—. Pero a ése, una vez que ha llegado a mis manos, no hay mortal que me lo quite. Quien lo desee me llamará osada, con respecto a eso, y más orgullosa de lo que debe ser una mujer. [980] Pero el hecho habrá sido realizado por mÃ.