Tragedias griegas

Tragedias griegas

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AFRODITA[178].— Soy la Diosa Cipris, tan conocida y no sin gloria entre los hombres y en el Urano. De todos los vivos que habitan entre el Ponto y los confines de Atlas[179] y ven la luz de Helios, honro a los que respetan mi poder y arruino a los que se alzan en contra mía. Porque también está conforme con la naturaleza de los Dioses regocijarse de que los honren los hombres, Y demostraré inmediatamente la verdad de estas palabras. [10] Hipólito, el hijo de Teseo, nacido de una amazona, criado por el sabio Piteo[180], es el único, entre los ciudadanos de esta tierra de Trecenia, que dice que soy la peor de las divinidades, y desprecia el lecho nupcial y rehuye las bodas. Pero honra a la hermana de Febo, a Artemisa, hija de Zeus, y la tiene por la más grande de los divinidades[181]. Por el verdoso bosque, siempre en compañía de la doncella, con rápidos perros extermina los animales salvajes de la tierra, habiendo encontrado una compañía que excede a los mortales[182]. [20] No la envidio a ella por eso. ¿Para qué? Pero castigaré a Hipólito en este mismo día por haberme ultrajado. Ya he preparado todo para ello, y me costará poco trabajo hacerlo. Cuando salía él un día de la morada de Piteo para ver celebrar los misterios[183] sagrados en la tierra de Pandión, al verle Fedra, la noble mujer de su padre, sintióse poseída de un violento amor en su corazón. Antes de venir a esta tierra de Trecenia, [30] erigió un templo a Cipris en la roca de Palas, desde la cual se divisa este país; y ardiendo de amor por un ausente, quiso, en honor de Hipólito[184], que ese templo llevase su nombre en el porvenir. Pero después de abandonar la tierra cecropiana, desterrándose para expiar la muerte de los Palantidas[185], Teseo vino aquí por mar con su mujer, a fin de sufrir un año de destierro; y aquí es donde la sinventura perece en silencio, gimiendo y traspasada por los aguijones del amor. [40] Y ninguno de sus servidores conoce su mal. Pero no habrá de ser vano este amor. Yo se lo revelaré a Teseo, y quedará de manifiesto. Y al que es enemigo mío le matará su padre con imprecaciones, porque el Dios marino Poseidón ha prometido a Teseo atenderle[186] y no dejar incumplidas tres peticiones suyas. En cuanto a Fedra, por muy ilustre que sea, perecerá, sin embargo. En efecto, menos me preocupa perderla [50] que satisfacerme castigando a mis enemigos. Pero veo venir al hijo de Teseo, abandonando las fatigas de la caza. Voy a salir de aquí. Le sigue un cortejo numeroso de servidores y celebra con himnos a la Diosa Artemisa. No ve, por cierto, las puertas abiertas del Hades, ni sabe que ha llegado su último día.


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