Tragedias griegas
Tragedias griegas FEDRA.— ¡Por los Dioses te suplico que no sigas, pues tus palabras son dulces, pero vergonzosas! En efecto, el amor ha labrado profundamente la tierra de mi alma[213]y, si con tus palabras adornas la infamia, caeré para mi ruina en el mal que ahora trato de evitar.
LA NODRIZA.— Si asà lo crees, no debiste escucharme; pero, ya que lo has hecho, concédeme esta segunda gracia. Ahora recuerdo que en la morada tengo filtros que aplacan el deseo. [510] Sin que en ello haya nada vergonzoso para ti, y sin que pierdas la razón, te librarán de ese mal, si no eres cobarde. Pero se necesita algún rastro del que amas, cualquier trozo de sus vestirlos, para hacer un solo deseo de dos amores[214].
FEDRA.— ¿Se administra ese filtro untándolo o bebiéndolo?
LA NODRIZA.— No lo sé. Permite que te ayude, hija mÃa, sin responderte.
FEDRA.— Temo que seas demasiado hábil conmigo.
LA NODRIZA.— Lo temes todo. ¿De qué te asustas?
FEDRA.— [520] De que reveles algo al hijo de Teseo.