Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— (Arrojándose suplicante a sus pies). ¡Te lo suplico por tu hermosa mano derecha!
HIPÓLITO.— ¡No toques mi mano, no toques mi peplo!
LA NODRIZA.— ¡Oh! ¡por tus rodillas, no me pierdas!
HIPÓLITO.— ¿Cómo voy a perderte, si, según aseguras, no has dicho nada malo?
LA NODRIZA.— Lo que he dicho, ¡oh hijo! no debÃa revelarse.
HIPÓLITO.— [610] Sin embargo, las cosas honestas son honrosas de decir.
LA NODRIZA.— ¡Oh hijo, no violes tu juramento!
HIPÓLITO.— Ha jurado la boca, pero no mi corazón.
LA NODRIZA.— ¡Oh hijo! ¿qué vas a hacer? Vas a perder a tus amigos.
HIPÓLITO.— ¡He escupido[221]! Ningún injusto es amigo mÃo.
LA NODRIZA.— ¡Perdóname! En la naturaleza humana está el equivocarse, ¡oh hijo!