Tragedias griegas
Tragedias griegas FEDRA.— El hijo de la ecuestre amazona, Hipólito, grita y lanza imprecaciones terribles contra mi nodriza.
EL CORO.— Ya lo oigo; pero no lo entiendo claramente. Hasta ti llega la voz a través de las puertas.
FEDRA.— En alta voz la llama forjadora de desgracias, [590] alcahueta traidora al lecho de su amo.
EL CORO.— ¡Ay! ¡Cuántos males! ¡Estás vendida, querida! ¿Qué consejo te darÃa yo? ¡Descubierto el secreto, estás perdida!
FEDRA.— ¡Ay, ay!
EL CORO.— ¡Traicionada por tus amigos!
FEDRA.— Me ha perdido, revelando mi mal por amistad y por curarme, pero no honrosamente.
EL CORO.— ¿Cómo? ¿Qué vas a hacer, si sufres males incurables?
(Hipólito sale de palacio seguido de la nodriza).
FEDRA.— ¡Sólo sé una cosa, que tengo que morir! [600] Es el único remedio a mis males.
HIPÓLITO.— ¡Oh madre Tierra! ¡Oh luces de Helios! ¿Qué abominables palabras he oÃdo?
LA NODRIZA.— Cállate, ¡oh hijo! antes de que te oiga alguien.
HIPÓLITO.— No, no puedo callar las cosas horribles que he oÃdo.