Tragedias griegas
Tragedias griegas Dentro de este perÃodo de madurez en la producción del poeta y en torno también a la complicada problemática de las pasiones y las reacciones, a veces imprevistas, de los seres humanos —pues de héroes sólo les queda a estos personajes euripideos la vestimenta—, puso en escena el año 428 su tragedia Hipólito, con la cual obtuvo el primer premio. Hay que advertir que, con anterioridad, habÃa compuesto EurÃpides otra versión de la obra que le proporcionó un soberano fracaso, debido a la crudeza en la caracterización de Fedra. Escarmentado por ello, decidió reelaborar la obra, la cual, conservando en esencia el mito de los amores de Fedra por Hipólito, ofrecÃa de los protagonistas una imagen más moderada y con rasgos del más puro heroÃsmo de corte clásico. El problema que se analiza es muy similar al de Medea y coincide con la etapa más genial de la creación del poeta. Nos hallamos además ante una obra de auténtica fuerza trágica, al estilo de las composiciones de Sófocles, si bien, como es norma de la nueva estética de EurÃpides, los héroes sienten y se comportan como auténticos seres humanos. El problema fundamental que se debate en la tragedia es el de la hybris o insolencia de ambos protagonistas frente a dos divinidades, Artemis y Afrodita. Es inadmisible considerar a Hipólito un joven puro y completamente inocente, ya que, en su castidad sin fisuras, se encubre el pecado de exceso contra la ley natural del amor y, a causa de él, recibe también el castigo divino. Pero el punto más oscuro de esta tragedia es quizá la función que juegan ambas divinidades. Parece seguro que EurÃpides no creÃa en ellas, siendo como era un racionalista. Ahora bien, se trate de un mero recurso artÃstico, o de fidelidad aparente a una creencia en tales divinidades, o de una crÃtica velada de la arbitrariedad con que los dioses mueven los resortes del corazón humano, la realidad es que juegan un mero papel de comparsas y no explican en absoluto, en su plano superior, el desarrollo de los acontecimientos a nivel humano, como sucedÃa en la obra del piadoso Sófocles.