Tragedias griegas
Tragedias griegas (Hipólito abandona la escena).
EL CORO.— ¡Desgraciadas de nosotras! ¡Qué miserables son los destinos de las mujeres! [670] ¿Con qué astucias, con qué palabras desatarÃamos el nudo de esta intriga?
FEDRA.— Me merezco el castigo que recibo. ¡Oh tierra! ¡Oh luz! ¿Adónde huiré de esta calamidad? ¿Qué Dios vendrá en mi ayuda? ¿Qué hombre me socorrerá o participará de mi impiedad? La desdicha de mi vida se ha hecho irremediable[223]; ¡soy la más desgraciada de las mujeres!
EL CORO.— [680] ¡Ay, ay! Ya es un hecho. Las astucias de tu servidora no dieron resultado, ¡oh señora! y todo va mal.
FEDRA.— (A la Nodriza). ¡Oh la peor de las mujeres, oh ruina de quienes te quieren! ¿Qué has hecho? ¡Hiérate y extermÃnete con su rayo Zeus, que es mi padre! ¿No te dije, previendo esto, que callaras lo que ahora me produce un dolor amargo? ¡No has podido callarte, y moriré deshonrada para siempre! Pero tengo que poner en juego otras astucias. Porque ese, como tiene el corazón lleno de cólera, [690] me acusará ante su padre por culpa tuya; contará estas desventuras al anciano Piteo, y llenará toda esta tierra de palabras vergonzosÃsimas para mÃ. ¡Ojalá perezcas con quien se dedique a excitar a sus amigos para hacer el mal a pesar suyo!