Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— Señora, tienes derecho a reprocharme mis faltas. Porque la puna que te roe turba tu juicio; pero, si quieres escuchar, puedo responderte. Te he criado y estoy dedicada a ti. Buscando remedios a tu mal, encontré lo que no buscaba. [700] Si hubiera tenido éxito, pasarÃa por muy prudente. Se juzga de nuestra sabidurÃa, en efecto, después de los acontecimientos.
FEDRA.— ¿Es justo y te basta declarar tu culpa después de degollarme?
LA NODRIZA.— Discutimos con exceso. No he sido prudente; pero, después de todo, aún puedes salvarte, hija mÃa.
FEDRA.— ¡Basta de palabras! Ya me has aconsejado e impulsado al crimen. Huye de aquÃ, y piensa en ti. Yo me ocuparé sólo de lo que me afecta. [710] (La Nodriza abandona la escena). (Al Coro). En cuanto a vosotras, ¡oh jóvenes trecenias bien nacidas! acceded a mis súplicas de que guardéis silencio acerca de lo que habéis oÃdo.
EL CORO.— Por la casta Artemisa, hija de Zeus, juro no revelar jamás tus males.