Tragedias griegas

Tragedias griegas

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ANDRÓMACA.— ¡Ve, pues! Por lo que a mí respecta, haré subir hasta el Urano los gemidos y lamentos de que soy presa siempre, pues para las mujeres es un consuelo natural tenerlos sin cesar en la boca y en la lengua mientras duran sus males. Y no tengo para gemir una sola razón, sino varias: mi patria, Héctor muerto y el duro destino a que estoy ligada y que me ha precipitado indignamente en la servidumbre. [100] De ningún mortal hay que decir que es dichoso antes del día supremo ni antes de saber cómo ha descendido muerto al Hades[270]. Paris no se llevó a la alta Ilios una esposa, sino una Erinnis, cuando condujo a Helena a su lecho nupcial. Por causa de ella, ¡oh Troya! te asoló con el hierro y con el fuego el rápido Ares, llegado con las mil naves de la Hélade, y el hijo de la marítima Tetis arrastró a la zaga de su carro, alrededor de las murallas, a mi marido Héctor, desdichada de mí, [110] y yo misma, arrancada de mi lecho nupcial, fui llevada a la orilla del mar, con la cabeza cubierta por el velo servil. Por mi cara corrieron lágrimas abundantes cuando dejé mi ciudad y mi lecho nupcial y a mi esposo caído en el polvo. ¡Ay, desdichada de mí! ¿de qué me servía ver aún la luz para ser esclava de Hermione? ¡Abrumada por ella, y suplicando a la imagen de la Diosa, la rodeo con mis brazos y me consumo en lágrimas como la gota que fluye de la roca!

EL CORO.—


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