Tragedias griegas

Tragedias griegas

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Las Suplicantes nos muestra una temática muy parecida a la de Los Heraclidas y debe insertarse también en el marco de la misma época creadora de los años iniciales de la guerra del Peloponeso. La obra ha sido objeto de amplios debates por parte de la crítica, y un autor tan calificado como Zuntz estima que el poeta lleva a cabo una versión apologética del humanitarismo ateniense, reflejado en la aceptación de las suplicantes. La obra se abre, como la anterior, con la aparición de un altar, en el cual se han refugiado las madres de los argivos caídos en combate en el asalto a las siete puertas de Tebas. El mismo asunto lo había tratado Esquilo en su tragedia perdida Los Eleusinos. Toda la pieza se mueve en un clima de comprensión de los pesares que envuelven al ser humano y de exaltación de una Atenas impregnada de benevolencia y de racionalismo ilustrado. Algunos críticos han creído percibir en toda la obra el influjo del optimista mito de Protágoras sobre la evolución de la civilización humana, asentada sobre las bases del respeto mutuo y de la ley, y que Platón nos describió de modo tan magistral en su diálogo Protágoras. En un famoso agón, o disputa dialéctica, entre el heraldo tebano y Teseo (vv. 381 ss.) hallamos una verdadera disertación filosófica sobre las excelencias del régimen democrático y su superioridad sobre el despotismo a ultranza. Otros estudiosos han pretendido encontrar en la figura de Teseo una alabanza del estadista Pericles, pero la loa debe entenderse más bien en sentido general y referida al sistema democrático encarnado por Pericles y los hombres de su tiempo. Añadamos, por último, que el mismo tema de la benevolencia de Atenas se trató en los dramas perdidos Erecteo y Teseo, que se representaron probablemente antes del año 422.


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