Tragedias griegas
Tragedias griegas ANDRÓMACA.— [260] Degüéllame, mancha de sangre el altar de la Diosa, que ella me vengará de ti.
HERMIONE.— ¡Oh rebaño bárbaro, oh dura obstinación! ¿Quieres morir, pues? En seguida voy a echarte de tu asilo. Tengo para ti un cebo seguro. Pero ocultaré lo que quiero decir; que no tardará ello en revelarse por sà mismo. Persiste en tu resolución. Aun cuando por todas partes te rodeara plomo derretido, te arrancaré de aquà antes de que vuelva el hijo de Akileo, en quien confÃas.
ANDRÓMACA.— En él confÃo. Es extraño: [270] algún Dios hubo de dar a los mortales remedios contra las serpientes feroces; pero a lo que es peor que la vÃbora y el fuego, a una mujer malvada, nadie le ha encontrado remedio, ¡que tan calamitosas somos para los hombres!
EL CORO.—
Estrofa I: ¡En verdad que causó grandes calamidades el hijo de Maya y de Zeus[277], cuando llegó a los bosques Ideos conduciendo el carro de tres caballos[278] de las divinidades, para el combate lamentable de la belleza, [280] hacia los establos del boyero[279], hacia el joven pastor solitario en su morada desierta!