Tragedias griegas
Tragedias griegas ANDRÓMACA.— ¿Ves la estatua de Tetis que te mira?
HERMIONE.— Por cierto que odia a tu patria, a causa de la muerte de Akileo.
ANDRÓMACA.— Fue Helena, tu madre, quien le ha matado, y no yo.
HERMIONE.— ¿Vas a ultrajarme todavÃa?
ANDRÓMACA.— [250] He aquà que callo y cierro mi boca.
HERMIONE.— Habla acerca del motivo que me trae.
ANDRÓMACA.— Digo que no eres tan prudente como conviene que seas.
HERMIONE.— ¿No dejaras el templo sagrado de la Diosa del mar?
ANDRÓMACA.— SÃ, si muero; si no, no lo dejaré nunca.
HERMIONE.— Está resuelto, y no esperaré a que regrese mi marido.
ANDRÓMACA.— Y yo no me entregaré a ti antes de su regreso.
HERMIONE.— Emplearé el fuego, sin cuidarme de ti.
ANDRÓMACA.— ¡Enciéndelo, pues! Lo sabrán los Dioses.
HERMIONE.— Haré en tu cuerpo abrasadoras llagas.