Tragedias griegas
Tragedias griegas MENELAO.— Llego después de coger a tu hijo, a quien habías ocultado en otra morada, [310] a escondidas de mi hija. Pensabas que esta imagen de la Diosa os protegería a ti aquí y a éste en casa de los que le tenían oculto; ¡pero he aquí que eres menos avisada que Menelao, mujer! Como no abandones este recinto, mataré a tu hijo en lugar tuyo. Escoge, pues, entre morir o ver perecer a este niño por culpa de tus ultrajes para conmigo y para con mi hija.