Tragedias griegas
Tragedias griegas ANDRÓMACA.— ¡Ay de mÃ! Me obligas a una opción cruel. ¡Desdichada seré escogiendo y desdichada no escogiendo! ¡Oh tú, que por poca cosa meditas males graves! ¿por qué matarme? ¿Por qué? ¿A qué ciudad he traicionado? ¿A cuál de tus hijos he matado? [390] ¿Qué morada he quemado? ¡A la fuerza me acosté con mi amo, y es a mà y no a él, autor de estos males, a quien vas a matar! Omitiendo el principio, vas a la conclusión. ¡Ay de mà por culpa de estos males! ¡Oh misera patria! ¡Cuántos indignos sufrimientos soporto! ¿Qué necesidad tenÃa yo de parir y añadir un doble fardo al primer peso? Pero ¿por qué lamentarme de estas cosas y no de las miserias presentes, yo, que he visto el cadáver de Héctor arrastrado a la zaga de un carro[285], [400] y a Ilios incendiada miserablemente, y a mà misma arrastrada por los cabellos hasta las naves de los argianos, y desde mi llegada a Ftia, estoy casada con los matadores de Héctor? ¿Por qué, pues, ha de ser dulce para mà vivir? ¿Hacia qué he de mirar? ¿Hacia mi destino pasado o presente? Un solo hijo me quedaba, al que quiero como a los ojos de mi vida, y van a matarle, porque asà les place. ¡No, en verdad, no perecerá él por salvar mi vida mÃsera! En él reside mi última esperanza, que es la de salvarle, [410] y serÃa un oprobio para mà no morir por mi hijo. He aquà que abandono el altar; ¡me entrego a vuestras manos para ser degollada, exterminada, colgada por el cuello! ¡Oh hijo! ¡yo, tu madre, voy al Hades para que no mueras! Si escapas a la muerte, acuérdate de tu madre y de lo que he sufrido al perecer, y cuando tu padre te bese, dile, vertiendo lágrimas y rodeándole con tus brazos, cuántos males he sufrido. Para todos los hombres, los hijos son la vida. Si alguno los censura por no conocer la dicha de tener hijos, [420] y si no sufre por ellos, es dichoso en la desdicha.