Tragedias griegas
Tragedias griegas PELEO.— A vosotros os lo pregunto, así como al que ordena esta matanza: ¿qué sucede? ¿Cómo y por qué causa está tan trastornada la morada? ¿Qué hacéis, preparando estos suplicios sin juicio previo? [550] ¡Menelao, detente! No te apresures a obrar sin juzgar. Tú, precédeme más de prisa. Porque me parece que la cosa no admite dilación, y ahora o nunca es cuando deseo recobrar el vigor de la juventud. Primero levantaré un viento propicio, como para las velas, para esa mujer. Dime con qué derecho te llevan éstos con tu hijo después de atarte las manos. Porque pereces en ausencia mía y de tu amo, como una oveja que con su cuerpo da calor a su cordero.