Tragedias griegas
Tragedias griegas ANDRÓMACA.— [750] ¡Oh anciano, que los Dioses colmen de bienes a los tuyos y a ti, que has salvado a mi hijo y a esta desdichada! Pero ten cuidado, no vaya a ser que éstos, ocultos en un paraje solitario del camino, me arrastren por fuerza al verte viejo, y a mà débil, y pequeño a este niño. Procura que, salvándonos ahora, no vuelvan a cogernos luego.
PELEO.— No profieras tÃmidas palabras de mujer. Anda. ¿Quién va a tocaros? En verdad que gemirÃa quien lo hiciese, pues por el favor de los Dioses mando [760] en Ftia sobre tropas de caballerÃa y numerosos hoplitas. Aún poseo intacto mi vigor y no estoy consumido de vejez, como piensas. Sólo con mirar a un hombre asà triunfaré de él, aunque sea yo viejo. Un anciano valeroso supera a muchos jóvenes, pues ¿de qué le sirve a un cobarde tener el cuerpo robusto?
EL CORO.— Estrofa
¡Que yo no nazca o que descienda de padres nobles y posea moradas ricas! [770] Porque, si alguno entre los bien nacidos sufre cualquier dificultad, no se queda sin ayuda. En las familias ilustres es donde residen el honor y la gloria. El tiempo no borra las huellas de los hombres ilustres, y la virtud resplandece también entre los muertos.
Antistrofa