Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— ¡Oh queridÃsimas mujeres! ¡Cómo una desgracia sucede en este dÃa a otra desgracia! Porque, abandonada por su padre, y teniendo a la vez conciencia de la mala acción que pensaba cometer cuando querÃa matar a Andrómaca y a su hijo, mi señora Hermione en estas moradas quiere morir, temerosa de su marido y de ser ahuyentada ignominiosamente de estas moradas por esa causa, [810] o de que se la condene a muerte por haber querido matar a los que no debÃa matar. A duras penas pueden los servidores que la guardan impedirla que se cuelgue del cuello y quitarle la espada de la mano, que tanto gime ella y reconoce que ha querido cometer malas acciones. Y yo me esfuerzo por alejar del lazo fatal a mi señora, ¡oh amigas! Pero entrad vosotras en esas moradas, salvadla de la muerte, pues más fácilmente persuaden los amigos nuevos que aquellos a los que estamos acostumbrados.
EL CORO.— [820] Ya oÃmos en las moradas el clamor de los servidores por lo que nos anuncias. Parece que la infeliz quiere demostrar cuánto deplora los crÃmenes que ha proyectado. En su deseo de morir, se escapa de las moradas, huyendo de las manos de sus servidores.
Estrofa I: ¡Ay de mÃ! ¡Quiero arrancarme la cabellera y desgarrarme con las uñas!
LA NODRIZA.— ¡Oh hija! ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres lastimar tu cuerpo?
HERMIONE.— Antistrofa I