Tragedias griegas
Tragedias griegas ¡Ay, ay, ay! [830] ¡Ve por el Eter, lejos de mis cabellos, ligero velo!
LA NODRIZA.— ¡Hija! cubre tu pecho, recógete el peplo.
HERMIONE.—
Estrofa II: ¿Por qué he de cubrir mi pecho con el peplo? ¿No es manifiesto, se le oculta a mi marido lo que he hecho?
LA NODRIZA.— ¿Gimes porque proyectaste el asesinato de tu compañera de lecho?
Antistrofa II
¡Gimo por lo que he osado cometer, haciéndome execrable, execrable para los hombres!
LA NODRIZA.— [840] Tu marido te perdonará esta falta.
HERMIONE.— ¿Por qué arrancas de mi mano esta espada? Devuélvemela, devuélvemela, ¡oh querida! para que me la clave. ¿Por qué me alejas del lazo?
LA NODRIZA.— ¿Voy a abandonarte a tu furor, para que mueras[296]?…
HERMIONE.— ¡Ay! ¡oh destino! ¿dónde encontraré la cara llama del fuego? ¿Adónde precipitarme desde lo alto de las rocas, al mar o a las montañas selváticas, [850] a fin de que, después de muerta, sea presa del Hades?