Tragedias griegas
Tragedias griegas EL ESPECTRO DE POLIDORO[328].— Dejando la caverna de los muertos y las puertas de la oscuridad, en donde habita Edes separado de los Dioses, vengo yo, Polidoro, nacido de Hécuba la Cisseana y de PrÃamo, que es mi padre. Cuando la ciudad de los frigios estuvo en peligro de caer al empuje de la lanza helénica, éste, atemorizado, me hizo salir secretamente de Troya para las moradas de su huésped tracio Poliméstor, que siembra la excelente llanura kersonesiana y rige con su lanza a su pueblo, aficionado a caballos. Y conmigo le envió en secreto mi padre [10] mucho oro, a fin de que, si un dÃa eran derribadas las murallas de Ilios, no quedasen sus hijos en la miseria. Y era yo el más joven de los Priamidas, y por eso me alejaron de Ilios, pues con mi tierno brazo no podÃa sostener escudo ni espada. Mientras nuestras murallas continuaron en pie, mientras no se derrumbaron las torres de la tierra troyana y mi hermano Héctor prosperó por su lanza, fui creciendo ¡desdichado de mÃ! [20] junto al paterno huésped tracio, que me criaba con mimo. Pero cuando Troya y el alma de Héctor perecieron, cuando fue destruido el hogar paterno, cuando al pie del altar consagrado a los Dioses[329] cayó mi propio padre, degollado por el sanguinario hijo de Akileo, el huésped paterno me mató, ¡desdichado de mÃ! codiciando mi oro, y me arrojó a los remolinos del mar para quedarse con todo aquel oro en sus moradas, y yazgo en la ribera, de donde me recoge el agitado mar, a merced del flujo y reflujo de las olas innumerables, sin que nadie me llore, sin que nadie me sepulte. [30] Y ahora voy en pos de mi bien amada madre Hécuba, después de abandonar mi cuerpo y habitar en el aire durante los tres dÃas que hace que mi pobre madre ha venido desde Troya a esta tierra kersonesiana. Y anclando las naves, todos los acayanos se han aposentado tranquilamente en las costas de la tierra tracia, porque Akileo, el hijo de Peleo, apareciéndose encima de su tumba, ha retenido a la armada helénica que el remo marino llevaba hacia la patria. [40] Y pide que se le sacrifique a mi hermana Polixena como recompensa y a manera de cara victima tumbal. Y lo conseguirá, y los hombres armados no le rehusarán esa ofrenda, y querrá el destino que mi hermana muera en este dÃa. Y verá mi madre los cadáveres de sus dos hijos, el mÃo y el de esa desdichada virgen; [50] pues, con objeto de que me erijan una tumba, me apareceré en el agua de la orilla a los pies de una esclava, que ya he pedido a los Poderes subterráneos se me dé una tumba y se me reintegre a los brazos de mi madre. Asà obtendré cuanto anhelo. Pero conviene que me aleje de la anciana Hécuba, que de la tienda de Agamenón sale ahora, asustada por mi espectro. ¡Ay! ¡oh madre, que, ahuyentada de las moradas reales, has llegado a ver el dÃa de la servidumbre, cuán desdichada eres, tanto como dichosa fuiste en otro tiempo! Algún Dios te abruma hoy, a trueque de la antigua felicidad[330].