Tragedias griegas
Tragedias griegas HÉCUBA[331].— Llevad ante la tienda a la anciana, ¡oh hijas mÃas! [60] Sostened en su marcha a vuestra compañera de esclavitud, un dÃa reina vuestra, ¡oh troyanas! Asid, llevad, conducid, alzad mis viejas manos. Apoyada en vuestros brazos como en un báculo, me esforzaré en acelerar el tardo paso de mis pies. ¡Oh relámpago de Zeus, oh noche oscura! ¿Por qué me han despertado los terrores y [70] los espectros nocturnos? ¡Oh tierra venerable, madre de los sueños de alas negras! Estoy horrorizada por la visión nocturna que me trajo un sueño con respecto a mi hijo, que está escondido en Tracia, y a mi querida hija Polixena. Comprendo e interpreto esa visión terrible. ¡Oh Dioses subterráneos, proteged a mi único hijo, [80] áncora de mi familia, que habita en la nevada Tracia bajo la tutela del huésped paterno! Algo nuevo va a ocurrir; las plañideras cantarán un canto lamentable. Jamás se ha estremecido ni temblado mi espÃritu tan de continuo. ¿Dónde encontrarla yo ¡oh troyanas! el alma divina de Heleno o de Casandra[332], para que me explicaran estos sueños? [90] Porque he visto una corza tachonada, a quien se arrancaba de mis rodillas violentamente y lamentablemente, degollada por las uñas sangrientas de un lobo. Y me ha asaltado este otro terror: el espectro de Akileo se erguÃa en lo alto de su túmulo, y pedÃa como recompensa alguna de las troyanas abrumadas de innumerables males. ¡Oh Demonios, os conjuro a que alejéis de mi hija esa desventura!