Tragedias griegas
Tragedias griegas POLIXENA.— Llévame, Ulises, envolviéndome la cabeza en un peplo[345], pues antes de que me degüellen se me consume el corazón con los lamentos de mi madre y la destrozo con mis gemidos. ¡Oh luz! TodavÃa me es dable pronunciar tu nombre; pero ya no hay nada de común entre nosotros, a no ser el poco tiempo que me resta entre la espada y la pira de Akileo.
HÉCUBA.— ¡Ay! desfallezco, y los miembros se me rompen. ¡Oh hija mÃa, abrázame, tiéndeme tu mano, dámela! [440] ¡No me dejes sin hijos! ¡Oh amigas, estoy perdida! ¡Ojalá viera en este trance a Helena, la lacedemonia hermana de los Dióscuros, la que con sus bellos ojos[346] ha destruido vergonzosamente la dichosa Troya!
EL CORO.—
Estrofa I: Viento, viento marino que llevas por el mar henchido a las naves rápidas que surcan las olas, ¿adónde me empujarás, desdichada de m� ¿A qué morada iré para ser allà esclava? [450] ¿A qué puerto de la tierra dórida o de la Ftia, donde dicen que el Apidano[347], padre de las aguas más hermosas, riega las llanuras?