Tragedias griegas
Tragedias griegas POLIXENA.— ¡Aunque nacà de un padre libre, moriré siendo esclava!
HÉCUBA.— [420] ¡Y yo me veo privada de cincuenta hijos!
POLIXENA.— ¿Qué he de decir de parte tuya a Héctor y a tu anciano esposo?
HÉCUBA.— Di que soy la más desdichada de todas las mujeres.
POLIXENA.— ¡Oh seno, oh pechos que me criasteis suavemente!
HÉCUBA.— ¡Oh hija, oh destino funesto y presuroso!
POLIXENA.— Sé dichosa, ¡oh madre! ¡Y tú, Casandra!
HÉCUBA.— La dicha es para otros[344], pero no para tu madre.
POLIXENA.— ¡Sé dichoso también, Polidoro, hermano mÃo, que resides con los tracios, aficionados a caballos!
HÉCUBA.— ¡Si es que vive, pues lo dudo, que tan desgraciada soy en todo!
POLIXENA.— [430] Vive, y cerrará tus ojos a tu muerte,
HÉCUBA.— En verdad que me ha matado el dolor antes de que esté muerta.