Tragedias griegas

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HÉCUBA.— ¡Oh hija! Entre tantos males, no sé a cuál atender. No bien pienso en un dolor, me asalta otro, y los dolores suceden en mí a los dolores. ¿Cómo podría borrar de mi pensamiento [590] tu desventura y no gemir? Por otra parte, el valor que me anuncian has tenido impide sea excesiva mi pena. ¿No es extraño que una tierra mala favorecida por los Dioses produzca numerosas espigas, y que, por otra parte, una tierra buena, que carezca de ese favor que necesita, no dé más que malos frutos? En los hombres, por el contrario, el malo es malo siempre, y el bueno es siempre bueno, y la desgracia no corrompe su naturaleza, y no deja él de ser bueno. ¿Es la raza o la educación quien crea esa diferencia? [600] Sin embargo, lo cierto es que la educación enseña el bien, y quien conoce el bien sabe asimismo lo que es vergonzoso, porque va por el buen camino. ¡Pero acerca de qué cosas tan inútiles divaga mi espíritu! Ve, y di esto a los argianos: «Que ninguno toque a mi hija y que alejen de ella a la muchedumbre». Porque en un ejército numerosísimo la multitud es desordenada, y la licencia de los marinos es más difícil de contener que el fuego, y para ellos, el que no hace mal es el único malo. En cuanto a ti, ¡oh anciana esclava! toma un vaso, y [610] después de sumergirlo en el agua del mar, tráelo aquí para que lave yo a mi hija con supremas abluciones, a mi hija novia sin novio y virgen sin ser virgen, y la exponga como se merece[353]. Pero ¿de qué manera voy a arreglarme para ello? No puedo. Lo haré, sin embargo, en lo que me es posible, pidiendo algunos adornos a las cautivas que, sentadas junto a mi, habitan en esas tiendas, caso de que alguna pueda escamotear a nuestros nuevos amos cualquier cosa de sus moradas. ¡Oh hermosas moradas! [620]¡Oh casas felices en otro tiempo! ¡Oh Príamo dichoso por tus hijos y que poseías innumerables y brillantes riquezas! ¡y yo, la madre anciana! ¡en qué anulación hemos caído, privados de nuestro antiguo orgullo! ¿Nos gloriaremos ahora, el uno por sus ricas moradas y el otro por su fama entre los ciudadanos? Nada vale todo eso, que queda reducido a sueños vanos y jactancias. Sólo es feliz aquel a quien no ocurre nada funesto cada día.


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