Tragedias griegas
Tragedias griegas HÉCUBA.— ¡Ay! Nadie es libre entre los mortales: uno es esclavo de las riquezas, otro de la fortuna; la multitud o la letra de la ley constriñen a ese otro a obrar en contra de su pensamiento. Pero ya que tienes miedo y das a la multitud más importancia de la que se merece, yo te libraré de ese temor. [870] Porque has de saber que medito un designio terrible contra el hombre que ha matado a este niño; pero no tomes parte en mi acto. Si se produce algún tumulto entre los acayanos y quieren éstos socorrer al hombre tracio cuando le sea impuesto el castigo que va a sufrir en seguida, reprÃmelos, sin aparentar que me favoreces. En cuanto a lo demás, ten confianza; yo haré que todo salga bien.
AGAMENÓN.— ¡Cómo! ¿Qué vas a hacer? ¿Matarás al bárbaro empuñando una espada con tu vieja mano, o utilizando el veneno? ¿Quién te ayudará? ¿De qué mano vas a servirte? ¿Dónde encontrarás amigos?
HÉCUBA.— [880] En estas tiendas hay numerosas troyanas.
AGAMENÓN.— ¿Hablas de las cautivas, botÃn de los helenos?
HÉCUBA.— Con ellas castigaré al matador.
AGAMENÓN.— ¿Y cómo unas mujeres van a triunfar de los varones?
HÉCUBA.— El número es terrible, y con ayuda de la astucia es invencible.