Tragedias griegas
Tragedias griegas AGAMENÓN.— Terrible es, sin duda; pero desconfÃo de la raza femenina.
HÉCUBA.— ¿Por qué? ¿No fueron mujeres las que mataron al hijo de Egipto? ¿No fueron mujeres las que por completo despoblaron de varones a Lemnos[361]? No pienses en eso, y sea. Da seguridades a esta mujer para pasar por entre el ejército, [890] y acercándote al huésped tracio, dile: «Hécuba, que en otro tiempo fue reina de Ilios, no menos en interés tuyo que en el propio, os llama a ti y a tus hijos, porque es preciso que también tus hijos sepan lo que quiere decirte». Entretanto, Agamenón, suspende la sepultura de Polixena, recientemente degollada, a fin de que el hermano y la hermana, doble desvelo de su madre, reposen bajo la tierra uno junto a otro, consumidos por el mismo fuego.
AGAMENÓN.— Asà se hará. En verdad que, si el ejército pudiera hacerse a la mar, no podrÃa yo concederte ese favor; [900] pero ya que un Dios no nos envÃa vientos propicios, tenemos que quedarnos esperando a poder navegar. Tenga, pues, éxito la cosa, porque es bien para todos, para cada cual y para la ciudad, que se castigue al malo y sea dichoso el bueno.
EL CORO.—