Tragedias griegas
Tragedias griegas Estrofa I: ¡Oh patria iliense, ya no se te llamará la ciudad imposible de tomar, puesto que los helenos, al igual de una nube, te han cubierto por todas partes, devastándote con la lanza! [910] ¡Tu corona de torres ha sido derruida y has recibido la miserable mancilla de la ceniza! ¡Desventurada! ¡No volveré a ti!
Antistrofa I: ¡He perecido en medio de la noche, cuando, después de la comida, el dulce sueño extiéndese sobre los ojos; cuando el esposo, dando finálos cantos, a los sacrificios y a las danzas, se había acostado en su lecho, [920] dejando la pica colgada, y sin ver a la multitud que salía de las naves para invadir a Troya Ilíada!
Estrofa II: Y yo oprimía con bandeletas los bucles de mis cabellos, y miraba el resplandor profundo de los espejos de oro, en el momento de echarme en mi lecho. Y he aquí que se produjo en la ciudad un ruido, y repercutió en Troya este grito: [930] «¡Oh hijos de los helenos! ¿cuándo regresaréis a vuestras moradas, después de derribar la ciudadela de Ilios?».