Tragedias griegas
Tragedias griegas Antistrofa II: Dejando mi dulce lecho, y vestida con un sencillo peplo como una joven dórica[362], en vano ¡desdichada de mi! me prosterné ante la venerable Artemisa. Y cuando hubo muerto mi esposo, me vi arrastrada, mirando en lontananza el mar salado y mi ciudad, [940] tras de ponerse en marcha de regreso la nave, arrancándome de la tierra de Ilios. ¡Desdichada de mí, que con mi dolor pierdo todo arresto!
Epodo: Maldiciendo a Helena, la hermana de los Dióscuros, y al funesto Páris, el pastor del Ida, expulsándome de mi tierra paterna; y me echó de mi hogar ese matrimonio que no fue matrimonio, sino calamidad de un espíritu maligno[363], [950] a la que ¡ojalá no la lleve de vuelta el abismo del mar y no llegue ella a la casa paterna!