Tragedias griegas
Tragedias griegas POLIMÉSTOR.— ¡Ah, ah, ah! ¡oh raza tracia, [1090] poseÃda de Ares, armada, que lleva lanza, que tiene caballos hermosos! ¡Oh acayanos! ¡Oh Atreidas! ¡Lanzo gritos terribles! ¡Oh! ¡por los Dioses, venid, acudid! ¿Me oye alguien? ¿No vendrá nadie en mi ayuda? ¡Unas mujeres, unas esclavas me han matado! He sufrido cosas horribles. ¡Ay, qué desdicha la mÃa! ¿A qué lado volverme? ¿Adónde ir? [1100] ¿Volando para arriba [por el éter[364]] hacia la techumbre celeste que se cierra en lo alto, donde Orion o Sirio lanzan de sus ojos rayos nos ardientes de fuego, o me lanzaré, infeliz de mÃ, por el sombrÃo paso que lleva hacia Hades?
EL CORO.— Es perdonable renunciar a la vida cuando se es presa de males que no pueden soportarse.
AGAMENÓN.— He oÃdo un grito y acudo, porque Eco, la hija resonante [1110] de la roca de las montañas, ha repercutido con ruido entre el ejército. Si no supiéramos que las torres de los frigios han caÃdo derribadas por la lanza de los helenos, ese ruido nos hubiera infundido un terror grande.
POLIMÉSTOR.— ¡Oh carÃsimo Agamenón, porque he reconocido tu voz, mira lo que sufro!
AGAMENÓN.— ¡Ah! ¡Oh desdichado Poliméstor! ¿quién te ha perdido? ¿Quién ha ensangrentado tas párpados y te ha dejado ciego? ¿Quién ha matado a estos niños? En verdad que, quienquiera que sea, debÃa estar muy irritado contigo y con tus hijos.