Tragedias griegas
Tragedias griegas SILENO.— Oh Bromio[368], por tu culpa tengo que soportar penas sin cuento ahora y, cuando, en mi juventud, mi cuerpo estaba lleno de vigor. La primera vez fue cuando, enloquecido tú por Hera, te fuiste abandonando a las Ninfas de los montes, tus nodrizas[369]. Luego, [5] en el combate contra los hijos de la Tierra[370], cuando, estando a tu diestra armado con mi escudo, maté a Encélado[371], golpeándole en mitad del escudo con mi lanza. Bueno, vamos a ver, ¿no estaré soñando lo que digo? No, por Zeus, pues estoy seguro de que mostré sus despojos a Baco. Y ahora tengo que apurar una [10] pena mayor que aquéllas, pues, al enterarme yo de que Hera lanzó contra ti a la masa de los piratas tirrénicos[372] para que fueras vendido lejos, me eché a la mar con mis hijos en tu búsqueda. Y en el extremo de [15] la popa, tomando yo mismo el bien ajustado timón, lo dirigía derecho, y mis hijos, sentados a los remos, blanqueando el glauco mar con el batir de los mismos, iban en tu busca, señor. Pero cuando navegábamos ya cerca de Malea[373], el viento solano, soplando sobre el [20] casco de la nave, nos arrojó sobre esta roca del Etna, donde los Cíclopes homicidas, de un solo ojo, hijos del dios del mar, habitan en cuevas solitarias. Apresados por uno de ellos, vivimos como esclavos en su [25] casa. Al que servimos le llaman Polifemo y, en lugar de entonar los gritos báquicos, apacentamos los rebaños del impío Cíclope. Por ello, mis hijos, en las cimas de las colinas, guardan los rebaños, pues son jóvenes, mientras que yo, permaneciendo en casa, tengo la [30] orden de llenar los abrevaderos y de barrer estas paredes y de servir al impío Cíclope sus comidas impías. Y ahora, es lo que se me ha ordenado, tengo que barrer la casa con este rastrillo de hierro, para acoger [35] a mi amo ausente, al Cíclope y también a sus rebaños en una casa limpia. Pero he aquí que veo a mis hijos que conducen los rebaños a casa. ¿Qué es eso? ¿Es momento ahora para vosotros de hacer sonar el suelo al son de danzas, como cuando, acompañando a Baco en su festivo cortejo, os dirigíais a la casa de [40] Altea, moviéndoos con voluptuosidad a los acordes de los cantos de vuestras liras?