Tragedias griegas
Tragedias griegas Epodo: Aquà no está Bromio, ni los coros, m las Bacantes, [65] portadoras de tirsos[376], ni el fragor de los tambores junto a las fuentes de abundantes aguas, ni las gotas brillantes del vino. Ni en Nisa, entre las Ninfas, entono [70] el canto de Yaco, Yaco [377] en honor de Afrodita[378], en cuya persecución volaba con las Bacantes de blancos pies. ¡Oh amigo, oh querido Baco! ¿A dónde te encaminas [75] solitario agitando tu rubia cabellera? Yo ahora, tu servidor, estoy a sueldo del CÃclope de un solo ojo, [80] yendo de un lado para otro como un esclavo, con esta miserable túnica de macho cabrÃo, apartado de tu amistad.
SILENO.— ¡Callad, hijos, ordenad a los servidores que reúnan el rebaño en la cueva con el techo de roca!
CORIFEO.— Entrad. Pero ¿a qué viene esa prisa, padre?