Tragedias griegas
Tragedias griegas SILENO.— No hay, como te dije, otra cosa que no sea carne.
ULISES.— Ella también es un dulce remedio contra [135] el hambre.
SILENO.— También hay queso cuajado y leche de vaca.
ULISES.— Traedlo, pues para las compras se necesita luz.
SILENO.— ¿Y cuánto oro darás a cambio? Dime.
ULISES.— Oro no, sino la bebida de Dioniso que llevo conmigo.
SILENO.— ¡Qué palabra queridÃsima acabas de [140]pronunciar! ¡Con el tiempo que hace que carecÃamos de ella!
ULISES.— Es más, Marón, hijo del dios, nos ha regalado la bebida[383].
SILENO.— ¿Al que yo una vez crie entre mis brazos?
ULISES.— El hijo de Baco, para que lo comprendas con más claridad.
SILENO.— ¿Está en el puente de la nave o lo llevas contigo?
ULISES.— He aquà el odre que lo contiene, como [145] puedes ver, anciano.
SILENO.— Ése no sirve ni para llenarme la mandÃbula.