Tragedias griegas
Tragedias griegas ULISES.— SÃ. La bebida es doble de lo que podrÃa derramar el odre[384].
SILENO.— Aludes a una fuente bella y agradable para mÃ.
ULISES.— ¿Quieres que te haga degustar primero el vino puro[385]? [150]
SILENO.— Está bien, pues la degustación invita a la compra.
ULISES.— Por ello traigo también una copa con el odre.
SILENO.— ¡Vamos, déjalo caer con ruido, para que, al beber, recuerde su rumor!
ULISES.— (Llena la copa). Ahà tienes.
SILENO.— ¡Ah, ah, qué hermoso olor tiene!
ULISES.— ¿Es que ves el olor?
SILENO.— No, por Zeus, pero lo olfateo. [155]
ULISES.— Pruébalo ya, para que no lo elogies sólo de palabra.
SILENO.— (Apurando la copa.) ¡Oh, oh, Baco me invita a bailar, lalará, lalará!
ULISES.— ¿Ha atravesado bien tu garganta haciendo gluglú?
SILENO.— SÃ, hasta el extremo de que me llegó hasta la punta de las uñas. 160
ULISES.— Además de esto, te daremos también monedas.