Tragedias griegas

Tragedias griegas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

SILENO.— Basta con que deshinches el odre. Deja el oro.

ULISES.— Traed, pues, los quesos o los corderos.

SILENO.— Lo haré, sin preocuparme mucho de mis [165] amos, pues me volvería loco de contento con apurar una sola copa, dándote a cambio los rebaños de todos los Cíclopes, y poder lanzarme al mar desde la roca de Léucade[386], una vez que me hubiese emborrachado y distendido mis párpados. Bien loco está quien no se alegra bebiendo, cuando entonces es posible que ésta (haciendo un gesto obsceno) se empine y acariciar [170] un pecho y un prado dispuesto a ser palpado con ambas manos, y es posible la danza y el olvido de los males. Pues, ¡qué! ¿No me voy a comprar yo semejante bebida, mandando al diablo a este Cíclope estúpido y a su ojo en el centro de la frente? (Entra en la gruta a por las provisiones).

CORIFEO.— Escucha, Ulises, queremos charlar un 175] rato contigo.

ULISES.— Claro, hombre, dirigios a mí como amigos a un amigo.

CORIFEO.— ¿Habéis tomado en vuestras manos Troya y Helena?

ULISES.— Sí, y saqueamos toda la casa de Príamo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker