Tragedias griegas
Tragedias griegas ULISES.— (Mientras se dirige hacia el interior de la cueva.) ¡Ay, logré escapar a los sufrimientos de Troya y a los del mar, y ahora toqué puerto en el corazón [350] y en la mente inaccesible de un hombre impÃo! ¡Oh Palas, oh soberana diosa nacida de Zeus, ayúdame ahora, ayúdame, pues he llegado a peligros mayores que los de Ilion y estoy al borde del abismo! ¡Y tú, que habitas la sede de los astros resplandecientes, Zeus hospitalario, mira lo que me sucede, pues si no [355] prestas atención a ello, en vano eres reconocido como Zeus, no siendo nada!
CORO.—
Estrofa: ¡De tu ancha garganta, oh CÃclope, abre de par en par el labio, puesto que, cocidos, asados y fuera de las brasas, dispuestos están para ti los miembros de tus huéspedes, para que los roas, mastiques y desgarres 360, reclinado en tu espesa piel de cabra!
Efimnio: ¡No, no me ofrezcas! ¡Tú solo para ti solo llena el casco de la nave![398]. ¡Lejos de mà esta morada! ¡Lejos 365 de mà el sacrificio que, extraño a los altares, celebra el CÃclope del Etna, deleitándose con la carne de los extranjeros!