Tragedias griegas
Tragedias griegas Estrofa 1.º.: Feliz quien lanza el grito báquico por causa de las [495] dulces fuentes de los racimos, tomándose un respiro tumbado para dirigirse a la danza, abrazando a un amigo e intentando, sobre los cojines, aferrar la flor [500] de una suave cortesana, con los bucles ungidos de aceite perfumado, y dice: «¿Quién me abrirá la puerta?».
CÍCLOPE.—
Estrofa 2.º.: Sa, sa, sa, saciado estoy de vino y gozo con el desenfreno del banquete; lleno como una nave de carga [505] hasta el puente del extremo del vientre, la hierba dulce me impulsa a la fiesta en la estación de la primavera junto a mis hermanos los Cíclopes. ¡Vamos, [510] extranjero, vamos, dame el odre!
SEGUNDO SEMICORO:
Estrofa 3.º.: Con una dulce mirada en sus ojos, hermoso, sale de su casa. Alguien vela por nosotros. Una antorcha enemiga aguarda a tu cuerpo, como una tierna [515] esposa, dentro de la cueva fresca por el rocío. Enseguida, coronas de muchos colores harán compañía a tu cabeza[404].
ULISES.— Cíclope, escucha, pues yo soy el experto [520] en ese Baco que te he dado a beber.
CÍCLOPE.— ¿Y a ese Baco se le considera un dios?
ULISES.— El más poderoso para alegrar la vida a los hombres.