Tragedias griegas
Tragedias griegas CORIFEO.— Tendremos una voluntad de roca y de acero. Pero entra en la casa, antes de que a mi padre le suceda algo irreparable. Estamos aquà a tu entera disposición.
ULISES.— ¡Hefesto, señor del Etna, incendia el ojo brillante de tu malvado vecino y libérate de él de una [600] vez! ¡Y tú, alumno de la negra Noche, Sueño, lánzate con toda tu fuerza sobre esta fiera odiosa a los dioses! Después de las brillantes fatigas de Troya, no hagáis perecer al propio Ulises y a sus marineros [605] a manos de un hombre que ni de los dioses ni de los hombres se preocupa. De no ser asÃ, habrá que considerar al Azar una divinidad y a la fuerza de los dioses inferior al Azar.
CORO.— [610] ¡La tenaza aferrará con fuerza el cuello del devorador de huéspedes. En seguida el fuego destruirá sus [615] mejillas brillantes. Ya el tizón carbonizado se oculta entre las brasas, retoño vigoroso del árbol. /Adelante, Marón, actúa, arranca el párpado del CÃclope enloquecido, de modo que haya bebido para su mal! En cuanto [620] a mÃ, ardo en deseos de ver a Bromio, que gusta de llevar el tirso de hiedra y de abandonar la soledad del CÃclope. ¿Llegaré a conseguir tanta dicha?