Tragedias griegas
Tragedias griegas CÍCLOPE.— ¡Uf, uf, con apuros escapé de las olas! ¡Qué placer tan puro! El cielo me parece que da vueltas confundido con la tierra y veo el trono de Zeus y la santa majestad de todos los dioses. (Dirigiéndose [580] a los Sátiros). No, nunca os besaré, las Gracias son las que me tientan. (Se vuelve hacia Sileno y lo abraza). Me basta con este Ganimedes[405], con él reposaré a las mil maravillas, por las Gracias. Gozo más con los muchachitos que con las muchachas.
SILENO.— ÂżSoy yo el Ganimedes de Zeus, CĂclope? [585]
CĂŤCLOPE.— SĂ, por Zeus, yo lo rapto del promontorio de Dárdano[406].
SILENO.— Estoy perdido, hijos. Sufriré males terribles.
CÍCLOPE.— ¿Censuras y zahieres a tu enamorado porque está bebido?
SILENO.— ¡Ay de mĂ, pronto verĂ© quĂ© amarguĂsimo es el vino! (Desaparece con Polifemo en la gruta).
ULISES.— (A los Sátiros). Vamos, hijos de Dioniso, [590] nobles retoños, el hombre está dentro. Vencido por el sueño, vomitará muy pronto la carne por su desvergonzada garganta. El tizĂłn, dentro de la cueva, exhala humo. Nuestro Ăşnico propĂłsito debe ser quemar el [595] ojo del CĂclope. (Al Corifeo). ¡PĂłrtate como un hombre!