Tragedias griegas
Tragedias griegas PRÓLOGO (1-76).
APOLO[1].— ¡Oh morada de Admeto, en la cual, aun siendo Dios, sufrà la mesa de la servidumbre! Zeus fue el causante, por matar a mi hijo Asclepio lanzando el rayo contra su pecho. Y me irrité, y maté a los CÃclopes, obreros del fuego divino de Zeus[2]. Y mi padre, en castigo, me obligó a servir a un hombre mortal. Cuando vine a este paÃs hube de apacentar los bueyes de mi amo, y hasta el dÃa he protegido esta morada. [10] Piadoso yo al lado de un hombre piadoso, el hijo de Feres, le he redimido de la muerte engañando a las Moiras[3]. Porque las Diosas me prometieron que Admeto escaparÃa de la muerte que ya le amenazaba, si en su lugar se ofrecÃa otro muerto al Hades[4]. Tras de poner a prueba a todos sus amigos, a su padre y a la anciana madre que le parió, no ha encontrado nadie, excepto su mujer, que quiera morir por él y no ver ya la luz. Y aquélla, llevada en brazos, va a rendir el alma ahora en las moradas, [20] pues su destino es morir y abandonar la vida en este dÃa. Por lo que a mà respecta, a fin de no mancillarme, abandono estos techos tan queridos[5]. Ya veo que se acerca Tanatos, hierofante de los muertos, que se va a llevar a Alcestis a las moradas de Edes. Llega en el momento preciso, tras de acechar este dÃa, en el que es fatal que Alcestis muera.
(Aparece en escena la Tamatos[6]).